lunes, 1 de diciembre de 2014

El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha




Autor: Miguel de Cervantes (1547-1616)
Año de la obra: entre 1605 y 1615

Novela compuesta de dos partes. La primera fue publicada en Madrid en 1605 y la segunda en la misma ciudad en 1615. Oba cumbre de la literatura y referente obligado para todo lector, trata de la locura causada por la lectura de numerosos libros de caballería de un hidalgo manchego de madura edad y descansada posición económica que vive con su sobrina y una ama en una aldea no identificada por el autor. Cervantes, no quiere que su Don Quijote sea patrimonio de un único pueblo sino de La Mancha entera. Pese a esto, los analistas opinan que ese lugar podría ser uno de estos siete: Miguel Esteban, Villaverde, Esquivias, Tirteafuera, Quintanar de la Orden, Argamasilla de Calatrava o Argamasilla de Alba.
La acción transcurre a principios del siglo XVII y el hidalgo en cuestión se llama Alonso (Quijado, Quesada o Quejada), según la primera parte o Alonso Quijano, según la segunda. Éste, decide hacerse caballero andante para emular así a sus ídolos novelescos. Se busca un apodo apropiado como Don Quijote de la Mancha y decide hacer de un escuálido caballo suyo su briosa cabalgadura llamándole Rocinante.
Toma las armas que habían pertenecido a sus bisabuelos y encuentra en una campesina basta, fea y desaliñada del Toboso, Aldonza Lorenzo, a la más hermosa, discreta y virtuosa doncella de cuantas hay en el mundo, nombrándola como a la amada de su corazón a quién encomendarse antes de las batallas, otorgándole el nombre de Dulcinea del Toboso. Sólo le falta su escudero y ese no será otro que Sancho Panza, un vecino suyo un tanto ignorante e inocente, a quien convence con la promesa de hacerle un día gobernador de una ínsula. Sancho es un personaje bonachón, amigo del buen comer, del buen beber y de ensartar en las conversaciones un gran número de refranes, unos a cuento y otros no, cosa que exaspera a Don Quijote. Ingenuo, temeroso, él pese a todo es un buen y fiel escudero y en la novela supone el contrapunto terrenal a las continuas locuras de Don Quijote que en molinos ve gigantes, en rebaños de ovejas ejércitos despiadados, en ventas magníficos castillos, etc…y será en una de éstas donde le nombrarán “caballero andante”. Esta es una de las primeras burlas de las muchas de que será objeto a lo largo de la obra por parte de maliciosos y sarcásticos personajes, que encuentran en su jerga caballeresca y en sus extrañas maneras, procederes e indumentaria el caldo de cultivo ideal para hacerle las más impías y perversas bromas. Sancho Panza, precisamente, fue quien “bautizó” a Don Quijote con el sobrenombre de <<El caballero de la triste figura>>, (que más adelante se cambiaría por el de <<El caballero de los leones>>). A Don Quijote, en su ausencia, le quemarán sus libros el ama, su  sobrina, el cura y el barbero. Sólo salvarán unos pocos, entre ellos <<La Galatea>>, del propio Cervantes.
El autor narra esta novela como si estuviera escrita por un historiador llamado Cidi Hamete Benengeli.
El Quijote contiene en su parte primera numerosos relatos independientes  entremezclados con el argumento base que, aunque son entretenidos y de indudable calidad, al mismo tiempo interrumpen la narración original. En una de éstas, la del cautivo, se referencia brevemente el propio autor al mencionar a un soldado llamado Saavedra. Otras destacadas son: la aventura pastoril de Crisóstomo y Marcela, el encuentro con Maritornes, la obtención del yelmo de Mambrino, la historia de Cardenio, Dorotea, Luscinda y Fernando y la historia del curioso impertinente. Tras muchas y  disparatadas peripecias, Don Quijote, es devuelto a su aldea natal enjaulado en una carreta de bueyes por sus amigos el cura y el barbero que le pretenden de este modo sanar.
La parte segunda la inicia Cervantes aclarando las dudas y corrigiendo los errores derivados de la primera y con un firme propósito: echar por tierra y vituperar la apócrifa segunda parte del Quijote escrita por Alonso Fernández de Avellaneda y publicada en Tarragona un año antes. En esta reanudación Don Quijote volverá a buscar nuevas aventuras, pero ahora, dentro de su escaso juicio, no deformará la realidad. Verá las cosas como son, exhibiendo en amplios pasajes de la obra sus extensos conocimientos y su gran sabiduría que afloran cuando la conversación nada tiene que ver con temas de caballerías. El héroe favorito de Don Quijote es Amadís de Gaula, personaje recreado en el año 1508 en la novela del mismo nombre por Garci Rodríguez de Montalvo.
Sancho Panza tampoco será el mismo. La experiencia anterior le hará ser algo menos ingenuo, procurará fielmente proteger a su amo de sus propias locuras y hasta hablará y comportará como un sabio filósofo en algunos momentos.
Un nuevo personaje aparecerá en la obra: el bachiller Sansón Carrasco, que usará de su ingenio para intentar alejar a Don Quijote de sus prácticas caballerescas. El será quien finalmente lo consiga, tras un intento fallido. Le reta, ocultando su identidad, con la condición de que, en caso de vencerle, Don Quijote deberá abandonar la caballería andante por un año y regresar a su aldea.
Sin embargo, hasta llegar a ese instante ocurrirán otros hechos como el encuentro con el Caballero de los espejos (Sansón Carrasco), el Caballero del verde gabán, las bodas de Camacho, la representación del retrato del Maese Pedro (que resultaría ser Ginés de Pasamonte, uno de los galeotes a los que libero Don Quijote en la primera parte y que luego robaría a Sancho querido rucio), la experiencia en la cueva de Montesinos y, especialmente, la estancia de los dos protagonistas en la residencia de los Duques. Este es uno de los episodios más entretenido y gracioso de toda la novela.
Los Duques conocedores del poco juicio del uno y la ignorancia del otro deciden reírse a su costa con burlas tan continuas como bien organizadas ya que previamente advierten a lo criados de quiénes y cómo son y la manera de comportarse ante ellos. Montan una esperpéntica escena en la cual representan al mago Merlín que comunica a Don Quijote que la única manera de desencantar a Dulcinea es que Sancho, de motu proprio, se dé 3300 azotes. También la farsa del caballo volador de madera llamado Clavileño. Es realmente todo un símil de locura. Los Duques, además, sabedores de la promesa de Don Quijote a Sancho de darle una ínsula, le harán Gobernador  de la que él creerá ínsula Barataria, cuando no es más que un pequeño terreno tierra adentro con unos pocos vecinos. Allí le harán muchas jugarretas pero el ingenio que demuestra tener acallará las risas. Mientras, Don Quijote permanecía junto a los Duques siendo objeto de deseo de una doncella criada suya llamada Altisidora. Hasta que temeroso de caer en las redes de ésta y engañar a su señora Dulcinea.
Hastiado de no ejercer la caballería andante con su permanencia en esa residencia decide marcharse, lo mismo que Sancho que descubre que no está hecha para él la vida de Gobernador. Juntos de nuevo caballero y escuderos se encaminan a Barcelona y tras un encuentro con el bandolero Roque Guinart llegan a ella. Allí, Don Quijote es vencido por el Caballero de la blanca luna (Sansón Carrasco) como ya ha quedado reseñado y vuelven todos a la aldea natal manchega en la cual cae enfermo Don Quijote y poco antes de morir recobra el juicio, reniega de los libros de caballería y dicta testamento.
Desde luego es una gran novela, de lectura muy amena. La fama mundial que realza a esta obra es bien merecida, no cabe duda. Aquél que se disponga a leerla no podrá sentirse defraudado por la riqueza de conceptos que contiene. Será imposible que el lector se aburra en un libro que, aunque extenso, no pierde esa chispa inicial de interés que en otros muchos se va diluyendo, como un azucarillo en un café caliente, a medida que pasan las páginas para reaparecer en el desenlace. Cervantes no lo permite. Si no es con historias sueltas, es con distintos sucesos acaecidos a los personajes protagonistas. Es como otra edición de sus <<Novelas ejemplares>> pero relacionando todas con una misma base argumental. Nadie quedará descontento con la lectura de este libro del que se pueden sacar bastantes conclusiones y se aprenden muchas cosas. Cervantes siempre nos enseña en todas y cada una de sus obras, que contienen reflexiones verdaderamente filosóficas de su época que bien pueden aplicarse a la nuestra para intentar no cometer errores muy habituales. Referente imprescindible de la literatura.

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Don Quijote de la Mancha


7 comentarios:

  1. Uf. Resulta arduo trazar un resumen de una obra tan conocida y que
    no parezca un pastiche. Enhorabuena, Fernando

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  2. Respuestas
    1. Me alegro, Valerita´s, a mí me encantó cuando lo leí. Te voy a contar un secreto. Todas las obras que aparecen en la sección nuestros libros son resúmenes que he hecho en fichas de su argumento, opinión personal, datos del autor, etc. Cada libro que leo lo hago así. ¿Qué te parece? Un saludo.

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  3. Quéeeeee interesanteeee! Pasaré para ver qué has leído!

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    1. Sí, los clásicos hay que leerlos. Un saludo, Valerita´s.

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